Delincuencia organizada

El fin del vínculo: políticos-cárteles

Para nadie es un secreto en México, la relación que siempre ha existido entre los grupos de la delincuencia organizada y los cárteles del narcotráfico, con la clase política y los funcionarios de los gobiernos en turno de los tres niveles federal, estatal y municipal, sin importar los partidos políticos de que se trate, ni las promesas de terminar con la corrupción y la impunidad.

Estas han sido promesas de campaña de los candidatos a la Presidencia de la República, gobernadores y presidentes municipales cada sexenio o trienio en los procesos electorales del país, sin importar los partidos políticos.

Sin embargo, el año 2006 con el inicio de la presidencia de Felipe Calderón ha sido considerado como el punto de quiebre, por haber puesto en marcha su guerra contra los cárteles del narcotráfico, lanzando al ejército mexicano a las calles para frenar el trasiego de drogas y su venta a otros países como los Estados Unidos, que con mucho siempre ha sido el mayor cliente de estos grupos por la alta demanda de estupefacientes y drogas que se consumen por su población.

Uno de las críticas que los partidos de izquierda han hecho a los gobiernos del período neoliberal, ha sido el hecho de que los cárteles crecieron al amparo del poder y fueron tolerados, bajo ciertas condiciones como el respeto a sus territorios y que las drogas no fueran vendidas a los mexicanos, es decir, los narcotraficantes podían desarrollar sus actividades, siempre y cuando se sometieran a las reglas que los gobiernos a través de los cuerpos de seguridad les impusieran, para no afectar a la población, y que sus disputas por los territorios no involucraran a la población civil.

Durante esos años, era poco visible que los cárteles participaran en forma activa en los procesos electorales o que salieran a apoyar a algún candidato afín a sus intereses, ya que solían esperar a conocer quien era el candidato ganador o ganadora, para buscar un pacto no escrito con valores sobreentendidos en los que cada una de las partes respetara el trabajo y la actividad del otro.

Fue en el sexenio de Vicente Fox, cuando las fuerzas de seguridad pública en el país, de alguna manera permitieron el crecimiento de los cárteles y que fueran tomando mayor fuerza y poder en estados como Michoacán, Sinaloa, Guerrero, Veracruz y el Estado de México, así fueron tomando mayor presencia cárteles como el de Rafael Caro Quintero, del Golfo, de los Beltrán Leyva, de los Arellano Félix, del señor de los Cielos, Miguel Ángel Gallardo y el de Sinaloa con El Mayo Zambada y después con El Chapo Guzmán.

Las drogas que más se comercializaban eran la mariguana, la heroína, cristal y se fue ampliando a las metanfetaminas, cocaína, los opioides y el fentanilo.

A la llegada de Felipe Calderón a la presidencia, el control de los cárteles se había perdido y la lucha por el mercado, se fue volviendo más violenta y las autoridades perdieron toda posibilidad de contener a los narcotraficantes a quienes ya no les interesaba llegar a acuerdos con los funcionarios, sino que preferían corromperlos y hacerlos cómplices de sus actividades delictivas para trabajar a sus anchas, bajo la amenaza de extorsionarlos o eliminarlos si no se sometían a sus órdenes.

La guerra de Felipe Calderón contra el narcotráfico, lejos de solucionar el problema, hizo que los cárteles buscaran otras formas de corromper a las fuerzas de seguridad, incluido el ejército que no ha podido dar los resultados esperados, ya que sus elementos no fueron formados para investigar y combatir a la delincuencia, sino para los conflictos armados y la defensa del país.

La elección de 2006 en la que de acuerdo con la información del proceso electoral resultó ganador Felipe Calderón, ha sido de las más controvertidas por el apoyo y votos obtenidos por el candidato de la izquierda opositora Andrés Manuel López Obrador, cuyo triunfo no fue reconocido y mediante un acuerdo entre el PRI y el PAN se dio el triunfo con una mínima ventaja a Felipe Calderón.

Si AMLO tuvo apoyo de los cárteles como el de Sinaloa para su campaña y posterior resistencia al movimiento que encabezó para exigir un recuento de votos y denunciar que le había sido arrebatado el triunfo, es información que en aquellos años difícilmente se podía dar crédito, porque los cárteles, aunque eran conocidos, aún no tenían la fuerza y presencia que durante el sexenio de López Obrador y el actual han tomado en más de la tercera parte del país, que tienen bajo su gobierno y control con nuevos cárteles como el CJNG y el de La Barredora en Tabasco.

Así en las elecciones de 2012 y 2018, los cárteles han tenido una mayor injerencia en las campañas electorales apoyando abiertamente a partidos como Morena, PVEM y PT no sólo con recursos económicos y votantes, sino también con candidatos a los cargos de elección de diputados, senadores, gobernadores y presidentes municipales, estableciendo así una relación que les ha permitido incluso poner a los secretarios de Seguridad y mandos de las policías, que ahora en lugar de proteger a los ciudadanos, están obligados a dejar trabajar a los cárteles y darles facilidades y protección para sus actividades.

Por ello la exigencia del gobierno de Donald Trump y su secretario de Estado Marco Rubio de que México haga más para combatir a los narcotraficantes, ha crecido en las ultimas dos semanas, ofreciendo el apoyo de las fuerzas militares para combatir a los cárteles en territorio mexicano, a lo que la presidenta Claudia Sheinbaum se ha negado, bajo el argumento del respeto a la soberanía y territorio del país.

Además su postura que no se requiere dicha ayuda, se tambalea, ya que la posición de Donald Trump ha sido como en el caso de la detención del dictador Nicolás Maduro presidente de Venezuela, la de imponer sus órdenes, para defender los intereses de Estados Unidos exigiendo también la entrega de los políticos del gobierno morenista de los que tiene pruebas de que se coludieron con los líderes de los cárteles para llevar a cabo el trasiego de drogas al vecino del norte.

Hoy, es necesario que la Presidenta ponga en la balanza si protege los intereses de México en la relación con los Estados Unidos, o si continúa protegiendo a los exfuncionarios, gobernadores y políticos de su movimiento de los que las autoridades de Estados Unidos tienen pruebas de que están involucrados con los cárteles del narcotráfico y llegaron a los cargos con recursos y apoyo de dichos grupos.

De una u otra forma, la Presidenta deberá asumir un costo económico si no entrega a los políticos de su movimiento y sigue protegiéndolos, afectando la revisión del T-MEC, porque entregándolos debilitará a la 4T y podría significar un rompimiento de sus cúpulas que se sentirían traicionados y podrían cobrarle factura en 2027 en la revocación de mandato.

El caso de Julio César Chávez Jr y sus repercusiones

 

 

                                                                                *dr. Julián Germán Molina Carrillo.

 

La detención en el norte de los Ángeles en Estados Unidos el pasado miércoles de Julio César Chávez Jr. Hijo de una de las leyendas del boxeo mexicano Julio César Chávez, llevada a cabo por agentes federales, dándose a conocer de inicio, que su detención había sido por tener vencida su visa y por mentir en una solicitud que hizo para obtener la tarjeta de residencia (green card).

Aunque en las primeras declaraciones de las autoridades de migración de Estados Unidos se informó que lo deportarían por existir una orden de aprehensión en su contra en México; lo cierto es que también lo acusaron por tener vínculos con el cartel de Sinaloa, al estar casado con Frida Muñoz  viuda del extinto hijo del Chapo Guzmán, Edgar Guzmán López asesinado el 8 de mayo de 2008 en Culiacán.

Según informes de las autoridades de Estados Unidos, Chávez Jr. Ya contaba con un historial delictivo de las que se tiene registro son las siguientes:

El 22 de enero de 2012 fue detenido por la Patrulla de carreteras de California por conducir bajo la influencia de alcohol y drogas y, sin licencia.

23 de junio de 2012: el Tribunal Superior del Condado de los Ángeles lo declaró culpable por ese mismo delito y le impuso una pena de 13 días en prisión, junto con tres años de libertad condicional.

14 de enero de 2023: Un juez de Distrito de México, emitió una orden de captura en su contra por delincuencia organizada, con fines de tráfico de armas y otros delitos relacionados con con el ingreso ilícito de armamento al país.

7 de enero de 2024: Fue arrestado por la policía de los Ángeles y acusado de portar un arma de asalto de forma ilegal y por fabricar o importar un rifle de cañón corto. Estos cargos resultaron en una condena.

Al darse a conocer la detención del pugilista por las autoridades de migración de Estados Unidos y la existencia de una orden de aprehensión en su contra en México, la fiscalía general de la República de inmediato confirmó la existencia de dicha orden, justificando la inacción de las autoridades para solicitar su extradición de Estados Unidos, bajo el pretexto de que no se habían ejecutado por el hecho de que Chávez Jr. Entraba y salía de territorio estadounidense y era muy difícil lograr su captura.

La presidenta Claudia Sheinbaum, manifestó en su Conferencia del Pueblo de este viernes 4 de julio, el no contar con la información de la existencia de la orden de aprehensión contra Chávez Jr. Pero aclaró que los datos que le proporcionó la fiscalía general de la República es que se le acusa por su participación en “el crimen organizado, y el tráfico de armas de fuego, municiones y explosivos”

La detención de Chávez Jr. Motivó que la Subsecretaria Tricia McLaughlin llamó al boxeador mexicano un afiliado del Cartel de Sinaloa, declarando que: “con el presidente Trump, nadie está por encima de la ley, incluidos los atletas de fama mundial. Nuestro mensaje a cualquier afiliado del cartel en Estados Unidos es claro: los encontraremos y enfrentarán las consecuencias. Se acabaron los días de violencia desenfrenada de los carteles”

Dicha declaración, emitida en un momento en que la relación de México con Estados Unidos, se encuentra en predicamentos, ante la declaración del vecino del norte de designar a los carteles del narcotráfico de México como grupos terroristas, por el endurecimiento de la política antiinmigrante y la deportación masiva de miles de mexicanos ilegales, el anuncio de los aranceles que hará el Presidente Trump el próximo nueve de julio para definir los porcentajes que se aplicarán a todos los países con los que tienen una relación comercial, así como el adelanto de la revisión del T-MEC para finales de este año.

Deben encender las alertas en el gobierno mexicano, para tratar de demostrar a Trump, que las acciones de seguridad y lucha contra los carteles del narcotráfico, implementadas por la presidenta Sheinbaum a través de su secretario de seguridad ciudadana Omar García Harfuch, realmente van en serio y que existe la capacidad y estrategia suficientes para combatir a estos grupos de la delincuencia organizada y toda la red de complicidades de funcionarios de los tres niveles de gobierno, legisladores y empresarios que de una u otra forma han sido cooptados por estos grupos o bien se han prestado a apoyar sus actividades delictivas, haciendo jugosos negocios para beneficiarse con un patrimonio mal habido o bien lavando dinero.

En la red de complicidades que investigan las autoridades tanto de Estados Unidos, como de México, hoy el reto, es saber, quién tiene mejor información y quién puede dar los mejores golpes a los carteles, para debilitarlos y con ello frenar la producción y tráfico de drogas y por otra parte disminuir los índices de violencia e inseguridad que no han podido bajarse en varios estados del país.

Golpes como la detención de Chávez Jr y el anuncio de que se irán contra todas las personas que tengan vínculos o negocios con los carteles, seguramente en los próximos días darán mucho de que hablar y si las autoridades mexicanas no demuestran que están decididas a cooperar en estas labores y de detener a quienes estén involucrados con los carteles, las autoridades de Estados Unidos los rebasarán por la derecha y tendrán el pretexto para llevar a cabo acciones más agresivas e intervencionistas como lo han hecho impunemente en otros países.

Llegó la hora de hacer a un lado los discursos y de que las fuerzas de seguridad y las fiscalías, con resultados demuestren al mundo, que la lucha contra los carteles y la inseguridad en México, son su mayor compromiso en bien de la Nación.

 

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