desapariciones forzadas

Desapariciones forzadas en México y la ONU

En mi colaboración del pasado 26 de abril de 2025, abordé el tema de la Crisis de las Desapariciones forzadas y la 4T mediante un análisis de los antecedentes de dichos delitos vinculados al de los homicidios dolosos, que en México no son un fenómeno nuevo, pero que por lo menos en los últimos veinte años ha llegado a niveles escandalosos, sin que las autoridades puedan evitar su comisión y mucho menos procesar a los responsables.

Por el contrario, una tendencia que se ha manifestado tanto en los gobiernos del denominado período neoliberal como el de los actuales de la cuarta transformación, ha sido negar en forma recurrente su número, así como la participación o apoyo que las autoridades brindan a las organizaciones criminales.

En dicha colaboración, hice hincapié en el momento que vivía México, por la Declaración del Comité de la ONU contra la desaparición forzada, de fecha ocho de abril de 2025, que acusó que dichas desapariciones “…son perpetradas por el Estado y que se presentaban en forma sistemática y generalizada, derivado del hallazgo que hicieron los grupos de padres y madres buscadores en el Rancho de Teuchitlán Jalisco”.

Desde esa fecha, la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum fue de rechazo al diagnóstico afirmando que: hay un fenómeno de desaparición vinculada con la delincuencia organizada no con el estado, al defender que su administración está haciendo todo lo que está en sus manos para combatir, atender, desde las víctimas, hasta prevenir y combatir este delito.

Al respecto señalé: “Pese a su declaración y de que su gobierno asumió el compromiso de entregar un informe detallado de las medidas y resultados en un plazo de 30 días no se ha cumplido con la entrega de este, por lo que es previsible que finalmente el caso llegue a la Asamblea General de la ONU y se emita una declaración en contra del gobierno federal, que hasta el momento no ha logrado frenar las desapariciones forzadas, en las que se han visto involucradas autoridades de los tres niveles de gobierno coludidas con los cárteles del narcotráfico que siguen con sus actividades delictivas”

Bajo este escenario el pasado 2 de abril, el Comité de las Naciones Unidas contra la desaparición forzada (CEDdeterminó solicitar al secretario general de las Naciones Unidas que remita urgentemente el caso de las desapariciones forzadas en México a la Asamblea General de las Naciones Unidas para que esta considere medidas destinadas a apoyar al Estado Parte en la prevención, investigación, castigo y erradicación de este crimen.

El comité concluyo que la información que ha recibido parece contener indicios fundados de que en México se han cometido y se siguen cometiendo desapariciones forzadas como crímenes de lesa humanidadbasándose en su evaluación de que se han producido múltiples ataques generalizados o sistemáticos contra la población civil en diferentes momentos y en diferentes partes del país.

La respuesta del gobierno mexicano, no se hizo esperar descalificando furiosamente el informe del Comité, rechazando su contenido y argumentando que la gran mayoría de las desapariciones son acciones criminales aisladas de cárteles y grupos armados que actúan sin el apoyo del gobierno, por lo que no deberán ser tratadas bajo la competencia de una Convención internacional si no hay participación oficial demostrada.

En su conferencia mañanera la presidenta planteó diversos cuestionamientos contra el informe tratando primero de resaltar que el problema data desde 2006 año de inicio de la guerra contra el narcotráfico instaurada por el expresidente Felipe Calderón y que continuó en el sexenio del priista Enrique Peña Nieto.

Sin embargo, las estadísticas e informes del período del expresidente López Obrador y de la actual, resultan alarmantes por el poder y control que han alcanzado los cárteles del narcotráfico en más de la tercera parte del territorio del país, donde ejercen un dominio total, con gobiernos estatales y municipales que los protegen en sus actividades delictivas, entre las que debemos incluir el delito de desaparición forzada de personas.

El poder de los cárteles y su descarada injerencia en los procesos electorales, en los que no sólo postulan a personajes que les garantizan impunidad y libertad para llevar a cabo sus actividades delictivas, dotándolos de recursos económicos y apoyos de sus grupos y gente de los pueblos y comunidades, que prefieren someterse a la autoridad y apoyo de los grupos criminales, que confiar en las autoridades que se han convertido en empleados de los líderes de los cárteles, presentan un panorama muy grave, que con mucho ha rebasado al Estado mexicano, que a pesar de sus planes, programas y reformas legislativas para enfrentar el problema de las desapariciones no ha podido resolverlo.

No existe forma de deslindar la responsabilidad y complicidad de las autoridades federales, fuerzas armadas y autoridades estatales y municipales, con la desaparición forzada, aún y cuando puede argumentarse que no hay bases para calificarla como generalizada y que no reciben apoyo, autorización o que actúan con la aquiescencia de los funcionarios públicos encargados precisamente de la seguridad pública.

Bien haría el oficialismo en primero: reconocer la magnitud del problema de la desaparición; segundo: que las autoridades de los tres niveles de gobierno y fuerzas armadas, han sido rebasadas para contener el delito; tercero: que no cuentan con estadísticas verídicas sobre el número de personas desaparecidas en todo el país; tercero: que la ayuda internacional de organismos como la ONU es un factor que puede contribuir a disminuir el número de desapariciones; cuarto: que no se trata de un debate político, ni de ganar una narrativa, sino de combatir a los grupos criminales que cometen la desaparición y cumplir con su obligación constitucional de garantizar la seguridad pública a los mexicanos.

Ya estamos cansados de un oficialismo que todo lo niega, esconde y manipula y que sólo le preocupa ganar las siguientes elecciones y perpetuarse en el poder con su movimiento;  de que contraataque para defenderse sin atender los problemas de fondo y evadiendo su responsabilidad; llegó el momento de que entreguen buenos resultados y cuentas a los que pagamos sus salarios con nuestros impuestos. La patria lo necesita y los ciudadanos se los reconoceremos.

4T: “desaparecer” a los desaparecidos

El pasado 24 de junio el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU presentó una solicitud de información al gobierno mexicano con base en el artículo 34 de la Convención para la Protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas.

El oficialismo, como ocurre en muchos de los temas que pueden afectar su imagen y popularidad ante los ciudadanos, no le dio la mayor importancia y fueron contados los medios que hicieron alguna mención sobre el contenido de la solicitud.

Dicha solicitud destaca en su contenido la enorme preocupación del comité respecto a la grave situación en que se encuentra nuestro país, por el aumento en los últimos años de los casos de desapariciones forzadas, que en algunos estados del país, se han vuelto generalizadas y sistematizadas con la complicidad de autoridades de los niveles de gobierno municipal, estatal y federal.

Cabe destacar que, de acuerdo al preámbulo de la Convención, esta tiene por objeto prevenir las desapariciones forzadas y luchar contra su impunidad. También garantizar el derecho de toda persona a no ser sometida a desaparición forzada; el derecho de las víctimas a la justicia y a la reparación; su derecho a conocer la verdad sobre las circunstancias de una desaparición forzada y la suerte de la persona desaparecida; y su derecho a la libertad de buscar, recibir y difundir información con este fin.

“El comité recibe información que, a su juicio, contiene indicios bien fundados de que la desaparición forzada se practica de forma generalizada y sistemática en el territorio bajo la jurisdicción de un Estado parte, podrá, después de pedir al Estado parte interesado toda la información pertinente sobre esa situación, podrá llevar la cuestión, con carácter urgente, a la consideración de la Asamblea general de las Naciones Unidas, por medio del Secretario General de las Naciones Unidas”.

La gravedad de la situación no es menor y debiera ser un tema en el que el gobierno federal y los poderes del estado en los tres niveles con el apoyo de la sociedad deberían trabajar para realmente reducir las desapariciones y no únicamente negar la realidad con fines políticos, culpando a los gobiernos anteriores, a los partidos de oposición o a la derecha conservadora de la situación, que de persistir podría dañar no sólo la imagen de México a nivel internacional.

Sobre todo, a escasos siete meses de que México siendo uno de los tres países sedes de la Copa del Mundo 2026, reciba el partido inaugural de este evento mundial.

El papel del Comité contra la Desaparición Forzada es completamente neutral y es muy difícil que el oficialismo pueda acusarlo de estar coludido con sus adversarios políticos o de que tenga como objetivo desestabilizar al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Si bien es cierto, ha existido cooperación entre el Comité contra la Desaparición Forzada y las autoridades de México, desde 2007 en que se ratificó la Convención y en 2014 se rindió un informe inicial al comité, posteriormente en los años 2015, hubo observaciones, seguimiento en 2016, informes en 2018, diálogo en 2019, información complementaria en 2022 y 2023 en junio de este año se solicitaron acciones urgentes por el aumento en el número de desapariciones.

Desde 2019, el Comité dado que existían índices de que las desapariciones forzadas se practican en forma generalizada o sistemática solicitó la primera activación del procedimiento, en 2021 hubo cuatro solicitudes y finalmente en marzo y abril de este año señaló que existen indicios fundados de que la desaparición forzada se practica de forma sistemática en México.

En marzo de este año, se presentó una carta de apoyo a la activación del procedimiento a nombre de 20,495 personas y colectivos. Por lo que en vigésimo octava sesión el comité tomó la decisión de solicitar al gobierno mexicano toda la información pertinente sobre la situación, dando de plazo antes del 18 de septiembre de este año para ser examinado por el comité en su vigésimo noveno período de sesiones.

A la fecha el oficialismo no ha dado a conocer el contenido del informe, pero conforme a datos que ha recibido el comité y observaciones previas que ha hecho al Estado mexicano, destacan que se le urgió implementar una política pública de prevención y erradicación de las desapariciones forzadas, considerando la responsabilidad de los servidores públicos, erradicar las causas estructurales de la impunidad, que abandone el enfoque de militarización de la seguridad pública, garantizar a todas las víctimas el acceso a la verdad, la justicia y la reparación, que implemente debidamente el marco normativo jurisprudencia e institucional en todo el país y que visibilice, informe y sensibilice sobre las desapariciones en México.

El comité señala que el número de desapariciones en México sigue aumentando, pasando de 95,121 en marzo de 2022 a 129,341 en junio de 2025.

Estados como CoahuilaJaliscoNayarit y Veracruz presentan desapariciones en forma sistemática y con patrones específicos que involucran directamente a funcionarios estatales, o que se desarrollarían con su autorización, apoyo o aquiescencia.

Aunque el discurso oficial es negar o diluir la responsabilidad del Estado, bajo el argumento de que las desapariciones son perpetradas por particulares, vinculados a la delincuencia organizada y a los cárteles del narcotráfico, el comité señala que ha recibido muchas alegaciones que insisten en la responsabilidad directa o indirecta del Estado.

El comité ha planteado que de aplicar el artículo 34 de la Convención, al considerar que hay indicios bien fundados de que las desapariciones forzadas han sido cometidas como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil, con conocimiento de dicho ataque, aplicando la jurisprudencia de la Corte Penal Internacional y otros tribunales internacionales o híbridos, que describen detalladamente las condiciones que deben cumplirse para calificar la existencia de crímenes de lesa humanidad.

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