PRI

La tortuosa relación iniciativa privada y la 4T

Uno de los grupos con los que más se confrontó el expresidente AMLO, desde que fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México y posteriormente en las tres campañas en las que participó para llegar a la Presidencia de la República, en el año 2006, 2012 y 2018 fue el de los empresarios.

Los dueños de las grandes empresas trasnacionales, a quienes acusó, no sólo de saquear al país en el período neoliberal por medio de las compras de empresas del estado, concesiones y permisos para explotación de bienes nacionales, sino también por haberse consolidado como un grupo de poder que apoyó incondicionalmente a los presidentes emanados del PRI y el PAN.

Para López Obrador, como líder de la oposición, inicialmente en el PRD y después con Morena, los grandes empresarios y representantes de la iniciativa privada, los consideró como sus enemigos y aprovechaba cualquier acto proselitista para acusarlos de ser junto con los neoliberales, los culpables de los grandes males del país, como la corrupción, la pobreza, la desigualdad, la marginación, la explotación de los trabajadores que laboraban en sus empresas con bajos salarios, mientras los empresarios amasaban grandes fortunas gozando de privilegios como condonaciones en los pagos de sus impuestos o ayudas para pagar a plazos o ejecutando proyectos, al amparo del poder con presidentes municipales, gobernadores y funcionarios de primer nivel en la Federación.

Los empresarios junto con los gobiernos neoliberales PAN y PRI en turno, representaban lo que el expresidente denominó como la mafia del poder por el apoyo que recibieron de los funcionarios de los tres niveles, en licitaciones para que se les asignaran grandes obras o proyectos y participando de las utilidades a los familiares o prestanombres de los presidentes municipales, gobernadores y secretarios de estado.

En el periodo neoliberal, los empresarios se vieron obligados por las circunstancias a acercarse a los partidos y gobiernos en turno, para lograr, primero la creación, crecimiento y por último consolidación de sus negocios, teniendo que pagar en muchos de los casos los famosos moches para realizar una obra o proyecto en los gobiernos, ya que quienes no pagaban, estaban condenados a nunca ganar una licitación y por ende a ejecutar algún proyecto u obra.

Derivado de lo anterior, fueron muy pocos los empresarios y grupos que, en las dos primeras campañas presidenciales de AMLO, le dieron su apoyo abierto e incondicional, por los riesgos que corrían en caso de que perdiera la elección López Obrador, de ser perseguidos por el gobierno en turno, por apoyar al candidato derrotado.

Fue hasta la tercera campaña en 2018 que algunos empresarios y gobernadores de otros partidos como el PVEM y se considera algunos del propio PRI, decidieron apoyar las aspiraciones de AMLO y en secreto le entregaron recursos económicos para su promoción y estructura partidista, sin que el INE tuviera conocimiento o fiscalizara el origen de dichos recursos.

Ya en la presidencia AMLO abandonó el discurso de la república amorosa, que millones de ciudadanos le compraron y se dedicó en el 90 por ciento de sus conferencias mañaneras, a culpar al PRI y el PAN de todos los problemas del país y por ende a los grupos empresariales y de la iniciativa privada que los sostuvieron y se enriquecieron al amparo de dichos gobiernos, por ende tanto dichos sobre los partidos como los empresarios fueron blanco de sus ataques y discurso de polarización para convencer a los mexicanos de que eran sus adversarios y el pueblo bueno y sabio, nunca más debería pensar en que regresen al poder.

Pero, desde el inicio del gobierno de la 4T, hubo empresarios como Carlos Slim y el mismo Ricardo Salinas Pliego, que todo apunta a que supieron jugar con el candidato ganador y fueron convocados por el presidente para participar en el diseño de políticas de gobierno en materia económica para impulsar el crecimiento del país.

De la buena relación de AMLO con Slim y Salinas Pliego, el único que la pudo conservar y beneficiarse de la misma fue el primero, ya que el dueño de Grupo Salinas terminó por tener diferencias con el presidente, con motivo de sus litigios fiscales y por decisiones del nuevo gobierno que afectaron a sus empresas, como el hecho de que no le fuera dado el manejo de los recursos de los programas del Bienestar que se habían considerado otorgar a las sucursales de Banco Azteca.

Existen además otros empresarios y grupos de la iniciativa privada, cercanos a los gobiernos de la 4T que han sido beneficiados económicamente en proyectos federales, estatales y municipales; aunque un grupo importante fue desplazado en la ejecución de las obras que AMLO asignó su ejecución al Ejército mexicano, como el AIFA y el Tren Maya.

Actualmente, investigaciones periodísticas han dado a conocer los grandes negocios y ganancias obtenidas por empresas en las que participan como socios, militantes de Morena y funcionarios de gobierno a través de familiares o socios incluso ligados a los cárteles del narcotráfico con operaciones con recursos de procedencia ilícita y lavado de dinero.

Así la relación entre el gobierno y los empresarios que dejó el expresidente, sigue la misma línea en el gobierno de Claudia Sheinbaum, es decir, un día los recibe en Palacio Nacional y les promete resolver sus problemas y apoyar su crecimiento y al otro día, los somete a nuevas reglas del SAT e impulsa reformas que ponen en riesgo sus inversiones y subsistencia, con nuevas cargas fiscales y laborales, lo que ha tenido como consecuencia que muchos de ellos, estén sacando sus capitales del país, por la falta de seguridad y la reforma al Poder Judicial que ha creado incertidumbre y desconfianza en los mercados.

Podemos afirmar que para la 4T la iniciativa privada y grupos empresariales nunca han dejado de ser considerados como adversarios del régimen calificándolos como conservadores, fifís, neoliberales, corruptos, enemigos del pueblo, sin importar las fuentes de trabajo que generan, los impuestos que pagan, su contribución al PIB, y al crecimiento de la economía del país.

Para ellos quizás sólo sirven para donar despensas a los afectados en las catástrofes originadas por los fenómenos naturales, lo que tampoco se les reconoce, al ser entregadas con el sello y colores de Morena, lucrando políticamente hasta en la desgracia de los damnificados que requieren estos apoyos.

El mayo zambada, 48 años de complicidades

La decisión del Mayo Zambada de declararse culpable de los delitos de los que se le acusó por el gobierno de los Estados Unidos, la semana pasada ante el juez en una Corte de Nueva York, a fin de evitar la pena de muerte, que cambio por la de cadena perpetua, negociando con las autoridades del vecino del norte, información sobre sus actividades delictivas, así como su declaración al señalar que desde que inicio su carrera delictiva, sobornó a personajes de la vida política, altos mandos militares, gobernantes y autoridades policiacas, han puesto a temblar a ex funcionarios de administraciones pasadas, desde la época del presidente Luis Echeverría Álvarez, pasando por los que le sucedieron José López Portillo, Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León del PRI, Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón del PAN, hasta el presidente Andrés Manuel López Obrador de Morena.

Aunque se ha declarado por la presidenta Claudia Sheinbaum, que cualquier acusación o señalamiento del Mayo o de cualquier otro capo, para que procedan, debe existir una denuncia y presentarse las pruebas para acreditar la culpabilidad de los acusados, resulta evidente que dependiendo de los delitos que se les imputen, el tiempo transcurrido desde su supuesta comisión y de la gravedad de los mismos, son elementos que deben ser considerados para que se cumpla lo que señala la presidenta.

De ahí que posiblemente, en el caso de los ex funcionarios, que aún sobrevivan y que hayan ocupado cargos hasta principios de los ochentas, pueden salir bien librados ante la justicia mexicana, pero no ante la justicia de los Estados Unidos, que no dejará de investigarlos y perseguirlos si considera que tienen cuentas pendientes ante la justicia de dicho país, como en el caso del ex secretario de gobernación Manuel Bartlett Díaz, acusado de haber ordenado el secuestro, tortura y asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar, conocido como Enrique Kiki Camarena en febrero de 1985.

La cacería de la DEA y el gobierno de los Estados Unidos, en contra de los grupos criminales y carteles, continuará y ahora con la información que les proporcione el Mayo Zambada, involucrará a miembros de la clase política de los partidos que han gobernado a México tanto del período neoliberal, como también del sexenio anterior, por lo que es previsible que en los próximos meses, sean enviados o extraditados a los Estados Unidos personajes de la vida política del país, del PRI, PAN, PRD y de MORENA, dependiendo de la información y declaraciones que para las autoridades y cortes de Estados Unidos sean elementos suficientes para requerir su envío a territorio estadounidense para ser juzgados.

El papel que debería estar juzgando la Fiscalía General de la República con el apoyo del ejército, la marina y la guardia nacional es el de investigar a fondo a aquellos de quienes tiene elementos suficientes para abrir carpetas de investigación por la comisión de delitos relacionados con el narcotráfico y trasiego de drogas, lavado de dinero y protección a los grupos de la delincuencia organizada, sin importar colores o partidos, antes de que sean las autoridades de Estados Unidos, quienes sin tomar en cuenta a la fiscalía y la Secretaría de Seguridad Ciudadana, exhiba a nivel internacional, la incapacidad del gobierno mexicano para combatir a los carteles y garantizar la seguridad a los ciudadanos.

Aunque las acciones del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y de su secretario de seguridad Omar García Harfuch, han dado resultados y se ven avances en las detenciones de criminales, decomisos de droga y destrucción de laboratorios clandestinos en diversos estados del país, es de tal magnitud el tamaño y control de los carteles de Municipios, Estados y zonas, que la lucha para exterminarlos llevará al menos cinco años, porque desafortunadamente funcionarios que estuvieron en la administración anterior y sobre quienes pesan acusaciones de que estuvieron involucrados con los carteles, continúan en el gobierno ahora en otras posiciones incluso superiores, situación que frena el trabajo de inteligencia y combate a la delincuencia, desde el aparato de estado.

Aunque se cuestiona, el valor de lo que pueda declarar y aportar de información, un narcotraficante como el Mayo Zambada a las autoridades de Estados Unidos, por ser un criminal, no olvidemos que el dicho de otros narcotraficantes que como testigos protegidos declararon en el juicio contra el ex secretario de seguridad del expresidente Felipe Calderón, fueron suficientes para declararlo culpable y sentenciarlo a cadena perpetua, por lo que se prevé que se aplique el mismo criterio para someter a juicio a aquellos militares, políticos, gobernantes y policías que Zambada declare haber sobornado para que le permitieran llevar a cabo sus actividades delictivas, sin esperar a que haya una denuncia, se presenten más pruebas y la fiscalía mexicana integre una carpeta de investigación.

El pago de los quince mil millones de dólares que debe hacer el Mayo Zambada a Estados Unidos como parte del acuerdo donde se declaró culpable de los delitos de los que fue acusado y la declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum de que parte de ese dinero debe ser entregado a México, obliga a preguntarnos ¿Qué hubiera pasado si las autoridades mexicanas hubieran detenido y procesado a Zambada y se le hubiera impuesto una condena donde se le obligara a pagar dicha suma? ¿Dónde tiene ese dinero o bienes por ese valor Zambada? ¿Cuáles son las empresas de su propiedad o de sus prestanombres que la UIF ni el SAT han podido detectar y siguen operando?, ¿Cuántas carpetas tiene integradas la fiscalía general de la república y fiscalías de los estados contra Zambada? ¿Cuántas ordenes de aprehensión, tiene dictadas en su contra, no ejecutadas? Las respuestas las tienen las autoridades federales y seria interesante nos dieran una explicación al respecto.

La próxima visita a México del secretario de estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, con la encomienda de ejecutar acciones para combatir a los carteles que continúan operando en nuestro país, donde seguramente insistirá a la presidenta Claudia Sheinbaum de aceptar la ayuda de las agencias norteamericanas para exterminar a los carteles, coloca a la presidenta en la disyuntiva de por un lado aceptar la ayuda y no solo la “cooperación” que se ha venido dando, o por otro lado negarse a aceptarla haciendo valer la soberanía de México, lo que podría representar en una mala señal para Estados Unidos, que podría interpretarlo como una forma de permitir que los carteles sigan con sus actividades delictivas introduciendo drogas a territorio norteamericano.

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