Cartas a Gracia
Estimada Maestra:
El sitio de Facebook Línea Caliente Noticias publicaría el 25 de julio pasado los resultados de una investigación de Raúl Rojas González, matemático y experto en Inteligencia Artificial -entre otras ramas del conocimiento científico-, en la que encontraría un elevado porcentaje de resultados atípicos en el examen de admisión de la UNAM 2026 “compatibles con la hipótesis de haber recibido ayuda externa durante el examen”. La difusión de los resultados que Raúl Rojas habría obtenido de la comparación “de la distribución de los puntajes obtenidos en 2026 con la observada entre 2021 y 2025” motivaría la integración de una comisión técnica del Consejo Universitario que, tras su análisis, confirmaría la existencia de patrones estadísticamente atípicos señalados por el investigador de la Universidad de Berlín y mandataría un examen de control; medida adoptada desde el ámbito institucional que terminaría trasladando a miles de aspirantes los costos y las incertidumbre derivados de una controversia que no provocaron y que conocerían por la lectura de varios boletines institucionales.
El Boletín UNAM-DGCS-463bis [publicado a las] 18:00 h [del] 9 de agosto de 2026 señalaría: “Más de 43 mil aspirantes ya tienen fecha y sede para el Examen de Control”; evento que iniciaría el miércoles 12 de agosto en la sede León y proseguiría en Oaxaca, Tijuana y concluiría el 19 de agosto, en la CDMX. Previamente, la UNAM habría reconocido la existencia de “resultados atípicos” obtenidos -en el examen de admisión- por aspirantes a ingresar a la máxima casa de estudios como ya se había mencionado Gracia. Y aunque en el boletín de marras la Universidad vistiera el examen de control como un acto de justicia social, al determinar que la aplicación se realizaría en “3 sedes foráneas con el objetivo de acercar el proceso de acceso a la educación superior para las y los jóvenes de las entidades de la República”. Las protestas de los obligados no dejarían de sentirse, bajo argumentos relacionados con lejanía, altos costos que les generaría y conflictos de ingreso a la plataforma al solicitar la opción de control.
No obstante, el escándalo detonado de manera institucional por la presentación de resultados, el Boletín UNAM-DGCS-413 del 16 de julio de 2026 aportaría algunos datos a tener en consideración, por ejemplo: “21 mil 962 ingresarán por el Concurso de Selección y 28 mil 151 por Pase Reglamentado. La matrícula de licenciatura aumentará en 1 454 espacios respecto al periodo anterior”. Estudiantado que ingresaría a cualquiera de “las 134 carreras que ofrece la UNAM en sus diferentes sistemas”. Los aspirantes, señalaría el boletín, habrían ascendido a “191 306” estudiantes; de ellos, 158 712 (82.09%) sustentarían el examen correspondiente y a 3 174 (2%) les sería “cancelado por haber realizado
conductas contrarias a lo establecido en la Convocatoria y en la Legislación Universitaria”; si bien, el comunicado habría resaltado que “el examen para nivel licenciatura se realizó en línea, lo que se traduce en brindar la oportunidad de seguir su proceso de ingreso a un mayor número de personas aspirantes que viven en diferentes regiones del país y del extranjero, sin necesidad de desplazarse”; desplazamiento obligado e ignorado al asignar las sedes para quienes se someterían a la comprobación del resultado obtenido en el examen de admisión, y que acrecentaría las dificultades para los reexaminados, tal como se comprobaría con la lectura de la nota “UNAM: ayer hicieron examen de control 69% de convocados (La Jornada, 13/08/26, pág. 8), aspirantes que pagarían los platos rotos.
Gracia, nadie podría cuestionar el deber de la UNAM de proteger la integridad de sus procesos de selección. Ante indicios estadísticos que sugerían anomalías, la revisión resultaría no sólo legítima, sino necesaria. Sin embargo, también es cierto que las decisiones adoptadas trasladarían parte del costo de la incertidumbre institucional a decenas de miles de jóvenes que, hasta prueba en contrario, actuaron conforme a las reglas establecidas por la propia convocatoria. Y así Estimada Maestra, entre algoritmos, estadísticas y sospechas, terminarían siendo los aspirantes quienes pagarían los platos rotos, porque como reza el viejo refrán: «pagan justos por pecadores».

