21 de septiembre de 2026

PISA: entre las explicaciones y las responsabilidades

Cartas a Gracia
Estimada Gracia:
Los resultados de la más reciente prueba PISA volverían a mostrar una realidad que México conocería desde hace años: sus estudiantes seguirían teniendo dificultades para alcanzar niveles satisfactorios de desempeño en lectura, matemáticas y ciencias. Aunque las secuelas de la pandemia afectarían a prácticamente todos los sistemas educativos, el problema nacional antecedería al COVID y se convertiría ya en una constante generacional.
La reacción de las autoridades federales no se haría esperar. La titular del ejecutivo federal sostendría que la prueba presentaría limitaciones para comparar realidades nacionales tan distintas y destacaría que los resultados también mostrarían fortalezas del sistema educativo mexicano, particularmente en materia de inclusión y reducción de algunas brechas. De la misma manera, señalaría que ciertos planteles públicos obtendrían desempeños sobresalientes cuando si se tomaran en cuenta las condiciones socioeconómicas de sus estudiantes. Por su parte, el encargado del despacho educativo, afirmaría que la Nueva Escuela Mexicana comenzaría a mostrar resultados positivos al registrar niveles superiores al promedio internacional en aspectos como curiosidad, perseverancia, acompañamiento docente y disposición para aprender. Según su interpretación, estos elementos reflejarían el potencial de un modelo pedagógico centrado en proyectos comunitarios y pensamiento crítico.
Ambos planteamientos contendrían elementos dignos de consideración. Si bien sería cierto que la educación no podría evaluarse únicamente mediante una prueba estandarizada, también sería verdad que la inclusión, la equidad, la convivencia escolar y el bienestar socioemocional constituirían objetivos legítimos de cualquier sistema educativo moderno y su instrumentación provendría de los Objetivos del Milenio dictados por la UNESCO.
Sin embargo, existiría una diferencia entre contextualizar los resultados y utilizarlos como explicación suficiente. Después de todo, ni la Presidencia de la República ni la Secretaría de Educación Pública serían creadas para explicar los problemas educativos, sino para resolverlos. El debate no debería centrarse en si la prueba es justa o injusta, sino en una cuestión mucho más sencilla: ¿estarían aprendiendo más los alumnos mexicanos que hace diez años?
La experiencia internacional ofrecería algunas pistas. Los sistemas que encabezarían las evaluaciones educativas, habrían construido durante décadas políticas consistentes orientadas al fortalecimiento de la lectura, las matemáticas y las ciencias; a la profesionalización docente; a la evaluación permanente y a la estabilidad institucional. Ninguno de ellos habría sustituido los aprendizajes fundamentales por discursos, narrativas o proyectos de moda.
En México, en cambio, la discusión educativa parecería haberse desplazado progresivamente hacia el terreno ideológico. La Nueva Escuela Mexicana propondría una visión que concedería un papel central a los proyectos comunitarios, a la transformación social, o a la formación ideológica de las y los docentes como lo evidenciarían los Libros sin recetas para la maestra y el maestro, la formación ciudadana y diversos contenidos transversales. Nadie podría objetar la importancia de esos temas. La duda razonable consistiría en determinar si el tiempo dedicado a ellos estaría contribuyendo efectivamente a mejorar la comprensión lectora, el razonamiento matemático o las competencias científicas de los estudiantes.
La pregunta no sería menor. Si un alumno concluyese la primaria sin comprender plenamente lo que lee o sin dominar las operaciones matemáticas básicas, difícilmente podría beneficiarse de cualquier otro contenido curricular, por valioso que éste fuera. Los aprendizajes fundamentales no serían una opción entre muchas: serían la estructura sobre la que descansaría todo lo demás.
A esta discusión debería sumarse otra que se mantendría fuera de los reflectores: el papel de las organizaciones magisteriales. Tanto el SNTE como la CNTE serían actores centrales de la política educativa nacional. Ninguna reforma de fondo podría avanzar sin la participación del magisterio organizado. Pero tampoco podría ignorarse que durante décadas la discusión educativa estaría condicionada por equilibrios políticos, laborales y sindicales que con frecuencia terminarían desplazando el interés principal: el aprendizaje de las y los alumnos.
La pregunta pertinente no sería si un acuerdo beneficiría al gobierno, al sindicato o a una corriente magisterial determinada. La verdadera pregunta sería si mejoraría los resultados educativos de los estudiantes. Si la respuesta no podría demostrarse, entonces tal vez estaríamos ante un acuerdo políticamente exitoso, pero pedagógicamente irrelevante.
Existiría además un problema del que hablarían constantemente los docentes, aunque rara vez aparecería en los informes oficiales: la sobrecarga administrativa. Programas, proyectos, plataformas, diagnósticos, evidencias fotográficas, reportes, formatos, reuniones y actividades complementarias que terminarían absorbiendo una parte importante del tiempo profesional de maestros y directivos. Paradójicamente, mientras la discusión pública giraría alrededor de la calidad educativa, muchos docentes dispondrían cada vez de menos tiempo para realizar aquello para lo que serían formados: preparar clases, acompañar a sus alumnos, revisar trabajos y fortalecer aprendizajes.
Probablemente, una de las reformas más eficaces no consistiría en agregar nuevas tareas, sino en eliminar aquellas cuya utilidad no habrían podido demostrarse. Los sistemas educativos exitosos compartirían una característica elemental: tendrían prioridades claras. Y casi siempre esas prioridades terminarían reduciéndose a una pregunta fundamental: ¿estárían aprendiendo más los estudiantes?
Por ello, una agenda de política pública debería responder a un proyecto de nación que trascendiera a intereses del gobierno en turno y concentrarse en objetivos concretos: fortalecimiento del aprendizaje de lectura y matemáticas desde los primeros grados; reducción de la carga burocrática sobre docentes y directivos; consolidación de la formación profesional del magisterio; generación de sistemas estables de evaluación diagnóstica; y medición sistemática de las brechas de aprendizaje entre regiones y grupos sociales.
México enfrentaría, además, una oportunidad histórica derivada de la transición demográfica. La disminución progresiva de la matrícula escolar permitiría destinar más atención a cada estudiante. El desafío consistiría en convertir esa ventaja potencial en una mejora efectiva de la calidad educativa.
Los resultados de PISA no deberían verse como una condena ni como una agresión de la derecha internacional. Tampoco como una excusa para la autocomplacencia. Sería simplemente una advertencia. Y las advertencias, cuando se ignoran, terminarían convirtiéndose en problemas mayores que evidenciarían proyectos de gobierno.
Las futuras generaciones no serían mejores porque sus autoridades transparentaran los resultados de las evaluaciones. Serían mejores si aprendieran más. Todo lo demás, incluidas las disputas ideológicas, sindicales, administrativas y burocráticas, deberían ocupar un lugar secundario frente a ese objetivo. Y como simpre Gracia habría que recordar que problema que no atiendieras hoy, se te complicaria mañana.

El PT fisura la alianza de partidos del oficialismo

       

                                                                                      Dr. Julián Germán Molina Carrillo.

El anuncio del partido del trabajo del pasado 17 de septiembre en el cual un integrante de la coordinadora nacional dio a conocer la decisión del partido de no acompañar a la dirigencia nacional de morena en los próximos destapes de los coordinadores nacionales de la defensa de la transformación y la soberanía nacional, puso en tela de juicio la solidez de la alianza que desde las elecciones de 2018 han conformado el bloque oficialista de Morena, el PT y el PVEM.

El hecho de no acompañar a Morena en los eventos dónde se llevarán a cabo el destape de quienes serán los candidatos a gobernador en los 17 estados donde habrá elecciones en 2027 pone de manfiesto la inconformidad del partido del trabajo respecto a las candidaturas y los resultados de las encuestas que se ocultan a quiénes participaron en el proceso.

Aún y cuando se ha dado a conocer que el partido del trabajo analiza cómo se definirán las candidaturas en sus procesos partidistas; es de llamar la atención que la alianza oficialista atraviesa por problemas de carácter interno como sucedió en el destape de las candidaturas de los estados de Guerrero Zacatecas y Michoacán dónde se hizo evidente la inconformidad de quiénes no fueron favorecidos en la encuesta de Morena.

Aunque el partido del trabajo ha declarado que continúa firme en su compromiso con el movimiento de la cuarta transformación en este momento como es su costumbre trata de imponer condiciones y de presionar a la alianza oficialista con el “peso electoral” que supuestamente tiene tiene en diferentes zonas del territorio nacional.

Un caso significativo cuestionado por la dirigencia del partido del trabajo es el de la designación de la senadora con licencia Verónica Díaz Robles en el estado de Zacatecas por su cercanía con la familia Monreal y por los criterios de medición que Morena ha ocultado haciendo a un lado las preferencias y apoyos con los que supuestamente cuenta el PT cuya propuesta recayó en la senadora Geovanna Bañuelos quien de acuerdo   a sus sondeos encabezaba las preferencias para ganar la encuesta; sin embargo Morena impuso a la senadora Díaz Robles a quien señalan estuvo casada con Luis Enrique Monreal Ávila hermano de Ricardo y Saul Monreal, lo que significa que de ganar las elecciones dicha candidata el gobierno del estado seguirá bajo el control de una persona cercana a la familia Monreal Ávila.

La inconformidad del partido del trabajo también se hizo evidente en su rechazo a la designación de la senadora con licencia Beatriz Mojica Morga amagando el dirigente estatal del partido del trabajo Victoriano Wences Real con participar como candidato independiente en las elecciones de 2027 si no se logra que se repita la encuesta con aspirantes de ambos partidos.

Aún y cuando la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones Citlalli Hernández ha declarado que no existe un rompimiento entre los partidos que integran la alianza oficialista y cuando faltan por definir 7 coordinadores de la defensa de la transformación y la soberanía Nacional las diferencias entre Morena, PT y el PVEM  se han ido manifestando y el acuerdo de unidad del bloque se tambalea por que las negociaciones en los cargos más importantes se han definido por la dirigencia nacional de Morena manipulando los resultados de las encuestas y ocultando las cifras a las dirigencias de los partidos que integran la alianza oficialista.

A estas alturas del proceso de designación de quiénes serán los candidatos a las gubernaturas resulta evidente que los grupos con mayor peso en la dirigencia nacional de Morena han ido imponiendo con el aval de los gobernadores salientes a quiénes seguramente de ganar las elecciones les sucederán en los cargos, garantizándoles impunidad para la aprobación de sus cuentas públicas y posibles desvíos en sus administraciones.

Los casos de las candidaturas en estados como San Luis Potosí donde el PVEM ha anunciado que apoyará las aspiraciones de la esposa del actual gobernador del estado para que los represente en las elecciones de 2027 será una prueba definitiva para saber a ciencia cierta si el bloque oficialista aún con las diferencias que se han venido presentando continúa o bien si se da una ruptura en las elecciones de los estados dónde tanto el partido del trabajo como el partido verde ecologista de México buscan posicionarse y obtener el respaldo del bloque para alguno de sus candidatos que los representen.

La postura del partido del trabajo que se ha inconformado sobre los resultados de las encuestas donde Morena a impuesto a los virtuales candidatos a las gubernaturas podría traer como consecuencia un eventual rompimiento y veremos si esta fuerza política se decide a ir con candidatos propios para medir su peso político y tratar de obtener por primera vez en su historia una gubernatura; sin embargo se ve difícil que tome este camino ya que al final como ha sucedido en otros momentos siempre termina negociando para proteger sus propios intereses y dejando de lado a su militancia y simpatizantes que solo como en el caso del PVEM han sido testigos de cómo sus líderes siguen aprovechando los cargos y usufructuando las prerrogativas que les entrega el INE para su beneficio personal.

Por ello ambos partidos tanto el PT como el PVEM siguen siendo las comparsas que sólo se han servido de sus siglas para mantenerse con el bloque oficial a sabiendas de que  sin el apoyo del aparato de estado difícilmente podrían ganar las elecciones yendo solos a las urnas.

La Alianza oficialista seguramente se mantendrá en las elecciones de 2027 y sólo en el caso de que el gobierno de Estados Unidos lleve a cabo la detención de los narco políticos acusados de tener vínculos con la delincuencia organizada y los carteles, dichos partidos se verían obligados a tratar de deslindarse de Morena y a tratar de salvarse de una situación en la que han sido cómplices en varios estados del país, donde han obtenido recursos de la delincuencia para ganar elecciones.

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